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Guaidó: perdido en el espacio sideral

Marcos Marín Amezcua

El desaguisado venezolano tiene su asegunes. Y pretende salpicar a la mala. Uno de ellos lo es una ridícula y sobrada carta que Juan Guaidó envió a los presidentes de México y Uruguay, en tono melodramático y fuera de lugar. En plan atrapaincautos o atrapaopositores a López Obrador, como corresponde a los mexicanos. Da igual.

Guadió me hace temer por su capacidad como ser pensante. Ya se le explicó con peras y manzanas la no intervención inscrita en nuestra constitución, una cuya naturaleza, fines y redacción no han cambiado con el tiempo y nomás no hay manera de que lo entienda. Necea y eso desilusiona por constatar que no es la persona adecuada dialogante y que sepa escuchar. Amaga a quienes no lo secundan. No intervención se acompaña de nuestra tradición incólume a no extender ni reconocimientos (menos a quitarlos) ni a participar en la determinación de definir lo que a otros pueblos corresponde. Es tan sencillo de entenderlo y tan fácil de querer verlo. Lo demás es desear no verlo y buscar apoyos a la mala que, quiérase que no, son espaldarazos importantes, como el de México en la región latinoamericana. Justamente.

Guaidó habrá visto mucha tele –las novelas mexicanas y los ramones venezolanos, supongo– porque el lenguaje usado es sobreactuado, afectado, soso, de un dramatismo impostado que tira a risa. Insípido. Y no es para menos, decirlo. Insolente,  le espeta a un jefe de Estado que lo apoye, a uno que llegó por la vía electoral y no como él, autoproclamándose, cuando sabe bien que no está en duda la existencia de un presidente en Venezuela, colocándose dudosamente en el lado correcto de la Historia al cuestionar su propia realidad venezolana. No está en posición de exigir.

En el colmo de la soberbia. Yo que escribo “Historia” con mayúscula porque la respeto, sé que es absurdo autodefinirse en su lado correcto. Ella no tiene lados y si los hay, no dependen necesariamente solo de sus protagonistas y a ellos no corresponde definir el lado correcto de nada porque la Historia es caprichosa en su devenir. Hasta en eso usurpa funciones Guaidó. Lo normal. Ya el fin de semana distintos medios nos han ido revelando su cariz y trayectoria, lejanos a ser legalista y defensora de Derechos Humanos y más acorde con defender intereses dudosamente favorables al pueblo venezolano que dice defender. Hace bien México en no secundarlo y si Guaidó ganara esta partida. bien le vendrá demostrarlo y avisarlo porque solo entonces México trabajaría con él, no por reconocerlo, lo que nada tiene que opinar, sino porque México trabaja con quien toca elegido por su pueblo. México no extiende ni solicita reconocimientos para sí.

Frases de la carta enviada son hilarantes: Guaidó escribe en el nombre del pueblo de Venezuela –que no es uniforme en su visión ni en aceptar su representación– y  encomilla lo de países neutrales –México y Uruguay– ya que no lo concede, como si llevaran interés en Maduro; y desvirtuando la propuesta de México y Uruguay a un diálogo que evitara la invasión estadounidense o forcejeos que no ayudan a su causa, y a lo que Guaidó mejor pareciera apostar. Máxime que Washington sí baraja invadir y lo reconoce. Y se planta escudándose en la “gran mayoría de la naciones del Hemisferio” reconociéndolo, para no acudir a la cumbre propuesta de buena fe –ya que ni México ni Uruguay, que se sepa, persiguen intereses petroleros ni de ninguna índole en su país– negándose a acudir a ella, por no legitimar a un dictador. Así intenta que esa gran mayoría de países le otorgue lo que su pueblo, no. Y recalca que negociará, pero impone lo que admitirá como resultado, sin haber negociado. Así no se acude a negociar, señor Guaidó. Y para rematar, se erige en paladín de la verdad amagando con que lo sigan al lado “correcto” de la Historia y aquí sí, el entrecomillado es mío. Si México acude a mediar es porque Maduro aceptó sus buenos oficios y nada más. Y cabe un apunte: la invocación a Desmond Tutu no despierta la lágrima de nadie que sea objetivo. 

Todo esto lo puedo expresar en un tono más alto, pero no más claro. Guaidó abusa de su propia precaria condición y circunstancia. Aun en el supuesto de que México no lo secunde colocándose donde el precisa ¿qué hará? ¿sancionará a México si se yergue presidente? No puede facturarle ni endosarle todo lo que es responsabilidad exclusiva de su país, de su pueblo y de su gobierno. Intentarlo sería toparse con pared. Así que esas frases disparatadas, cargadas de desesperación, chantaje, exigencia sin pudor y sin fundamento, son extraviadas ideas que solo redundan en mostrar a alguien que desde luego, se está colocando a paso veloz y gracias a su soberbia y a su manifiesta ignorancia de las relaciones internacionales, en el lado equivocado de la Historia. Total, allá él. Pero eso sí: si no puede, que no comparta y mucho menos, que comprometa.

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